Lineas ParaRelas Es una falta de ortografía con patas.
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martes, 9 de agosto de 2011

Blade Runner

Harrison Ford ya no es el ladronzuelo intergalático y mujeriego que brillaba en la Guerra de las Galaxias, sino un viejete con cierto arte para conservarse en vinagre a lo George Clooney. Sin embargo, tuvo un papel estelar aparte del de Han Solo. Hablo de la película Blade Runner.

Basado en el relato "¿Sueñan los robots con ovejas eléctricas?", Blade Runner es la búsqueda por parte de un policía pseudoretirado de unos robots con forma humana denominados replicantes. No todos saben que lo son, ni que, como medida de seguridad, sus creadores se las ingeneriaron para dotarlos de un reloj biológico extremadamente corto, de unos cuatro años, así que la misión de nuestro protagonista no será tarea fácil: debe encontrarlos y detenerlos, pues son peligrosos en extremo.

Primera en el género de los robots con conciencia, es una perla de la ciencia ficción coetánea de Alien, tiene unos diálogos a los western que quitan el hipo y un aire a los clásicos de Hollywood, con un héroe bueno, guapo y valiente.

Carlos Boyero dijo que esta película tenía todo el tiempo una atmósfera de tragedia griega. Qué razón tenía.

lunes, 24 de enero de 2011

¿Una ideología actual?

¿Aún hay auténticas revoluciones ideológicas?


Francis Fukuyama postuló en su libro El fin de la historia y el último hombre, de 1992, la llegada próxima de un fenómeno que denominaría como fin de la historia. Esta tesis neoliberal concibe la actualidad como una macedonia de ideas sin posibilidad de nuevas iniciativas. En primer lugar, de ideas liberales, pero también de influencia marxista histórica.
El fin de la historia significaría el fin de las guerras y las revoluciones sangrientas. Los hombres satisfarían sus necesidades a través de la actividad económica sin tener que arriesgar sus vidas en ese tipo de batallas.

Tras la Caída del Muro se habría demostrado que uno de los dos sistemas que monopolizaban la política era inviable, acarreando el cercenamiento del árbol de las ideologías: a partir de ese momento, todos los movimientos nacerían de una base neoliberal, y por tanto no se darían nuevas ideologías. Ese fin de la historia, por tanto, no sería literal; constituiría la muerta ideológica y reivindicativa del hombre en un contexto democrático.

Sin embargo, aunque es cierto que el ser humano dejaría de soñar con nuevas alternativas políticas, sería premisa necesaria en el fin de la historia la disposición de un libre mercado, la existencia de gobiernos representativos y democráticos y un mantenimiento de los derechos jurídicos. En otras palabras, una democracia neoliberal expandida por todo el mundo sería el marco donde se fraguaría este fin de la historia.

Otra condición vital para el fin de la historia sería -y en esto critica Kojéve- la generalización de estas características antes dichas, pero añadiendo una equiparación universal, esto es, la eliminación de las diferencias de desarrollo entre países: se llega al fin de la historia cuando se tiene un buen gobierno, un buen país, un correcto desarrollo, una buena democracia, un libre mercado y unos buenos derechos. Por tanto, países como EEUU estarían más próximos de este estadio que otros como Haití.

Este planteamiento no es intervencionista. Al contrario. Fukuyama defiende la liberación de los mercados, pero dice que el fin de la historia llegará a un país que haya llegado a su pico más alto de evolución. Un país. Para que se de el fin de la historia a nivel global será necesario que todo el mundo esté nivelado económicamente. Hasta que Haití no llegué al nivel de desarrollo de Alemania el mundo no conocerá el fin de la historia.

¿Se llegaría a una culminación política? Imaginad el panorama distópico de 1984 aplicado a una democracia actual, en la que las motivaciones de le gente fueran nulas y la participación política inexistente, pero no por ser una dictadura, sino al contrario; por tener sucesivos gobiernos satisfactorios que desmotivaran cualquier critica

¿Sería mejor? Diríamos rápidamente que no -yo incluido-, pero no debemos olvidar que el fin último de la política es organizar nuestras vidas para llevarlas mejor. Si llegáramos a un estadio de perfección colectica y generalizada, ¿seguiría siendo preciso un gobierno común? Lo que ansiamos desesperadamente es llegar a un momento político de perfección, en el cual no haya paro, violencia, desilusión, mala educación... Sin embargo, si llegara, ¿qué haríamos? Es una falacia. Si llegáramos a eso no haría falta una organización política porque seríamos perfectos y en palabras de Hobbes, nos nos mataríamos por nuestra condición de humanos. Y ese es, al menos para él, el motivo por el que existe el gobierno.

El ser humano no llegará a ese fin de la historia

Pero es que además eso también es una falacia. El ser humano no llegará ese fin de la historia porque, al igual que la economía, no es algo teleológico; no culmina en un fin determinado. Las continuas necesidades del hombres serán eternas, y sus recursos naturales, finitos. El fin de la historia no llegará. Pero desconozco si puedo decir lo mismo de un ciclo histórico.

jueves, 28 de enero de 2010

Jamás te traicionaré, amiga mía

Tengo la extraña teoría de que todos los libros ingleses están traducidos bajo un patrón que comparten todos los traductores al español. Lo noto porque en las escenas de acción me pierdo y no sé dónde está éste o el otro, y algunas descripciones, párrafos, tienes que leerlos más de una vez. Tres, a lo sumo.
Sin embargo, Traición, me ha gustado. Es un libro (iba a decir de un aparente autor novel, porque no se ve por ningún lado una pequeña biografía del autor o.o) que se basa en un simple principio: en el futuro, la humanidad estará obligada a someterse a una operación estética para que todos los ciudadanos sean iguales.



Con esta realidad despierta Tally en el mundo, la protagonista, una joven con complejo de fea que conoce a Shay, una que afirma que la belleza de uno no depende de la coloración de su pelo, del tono de su piel, del color de sus ojos o la simetría de su rostro...
Pero cuando Shay, antes de la operación que debía hacer, huye de las autoridades y de la ciudad en la que vive, Tally se ve en la peor de las situaciones: o va en busca de su amiga y la trae de vuelta o acabará imperfecta de por vida.

Con capítulos cortos y amenos, mucho diálogo, y escenas raras (lo siento por incluir esto), Scott Westerfield nos lleva al papel de una joven engañada en un mundo ficticio, utópico, divido entre los imperfectos patéticos, menores de dieciséis años, y los perfectos que tienen el derecho y el deber de disfrutar de su cuerpo en fiestas continuas con el fin de no cuestionarse si sus vidas realmente son mejores así.

Ha tenido muchísimo éxito donde se ha publicado, tanto en Estados Unidos como en España, y para información de los interesados, es una tetralogía que será llevada al cine próximamente.
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