Lineas ParaRelas Es una falta de ortografía con patas.

martes, 26 de noviembre de 2013

La cazadora de tiranos: Los Juegos del Hambre, En llamas.

Cuesta encontrar buen cine y buenos libros. Odiamos la modernidad porque vemos decadencia relativa de décadas cercanas: comparivamente vamos degenerando y no dudamos de ello. Pero cuando hacemos un buen producto recelamos, en un caso de humildad exagerada, depresiva, como si nuestros abuelos artistas fueran dioses y cuestionar su superioridad fuera un pecado.

En llamas demuestra que las cosas puedes ser diferentes. Aun teniendo caracterísitcas de los filmes juveniles que exporta América, tiene algo, un algo muy característico. ¿Qué es? ¿Será que no es exclusivamente para jóvenes? Creo que estamos ante una película de adultos adaptada un poco a jóvenes. Pero dicha adaptación no pudre el contenido, porque sus personajes no se recortan, sino que se transforman en los mismos... solo que menos crecidos físicamente.

Sin haber leído el libro, puedo juzgar ambas películas, y si la primera se queda corta a pesar de ser aceptable como distopía juvenil de acción y mínimo gore, la segunda es una evolución del concepto político, del sadismo y de los roles. Sí, tiene un triángulo amoroso, pero es un triángulo amoroso: no es la figura geométrica abortiva que venden en Crepúsculo o en series de televisión.

Pero es que supera el ámbito estrictamente de imberbes: la película alcanza y supera películas supuestamente para adultos por su realismo y detalles, su música, sus actores jóvenes pero intensos, su sobriedad y su estilo. El pretexto político me encantó: sin complicarse con demasiadas explicaciones, encaja bien en su papel en la historia. El malvado Presidente tiene sus aficiones bien definidas, sus intenciones, sus frases, sus silencios. Los Tributos son simpáticos, únicos. Definen bien a los grupos. Definen bien a los que morirán. A los que vivirán. Tal vez los malvados de los Juegos son escasamente esbozados. Pero qué más da. No le pido la perfección. Por lo visto, se ciñe mucho al libro: ¿por qué acusarle de fallos al director cuando puede ser de la autora dicho desarrollo de la trama? ¿Y qué decir de todas las referencias a la ciencia-ficción, a Roma, a los Juegos Olímpicos, a la genealogía de EE. UU. y al fascismo alemán?

sábado, 9 de noviembre de 2013

El puño y la rosa

Ser socialista es ser ingenuo. Pocos socialista me parecen realistas y pragmáticos; pero los hay aún que otorgan confianza a los rubalcabistas, que todavía creen en el viejo aparato del sistema de la era Zapatero. De hecho, la cúpula misma del PSOE es así: está inflada de fieles al maquiavélico perdedor de elecciones que parecen preferir la muerte antes que una renovación facial, aún a riesgo de entrar en una metástasis política.
Admitiendo que decir los/las alumnos/as es difícil

El PSOE es la ironía del idealista en el poder corrompido a lo Weber por el juego de tronos de la democracia. Aupado por un partido destrozado y por el impacto social del 11-M -que no resta apoyo al proyecto político que tenía-, José Luis Rodríguez Zapatero inauguró el zapaterismo en España con dos legislaturas con los pies en el aire y no en el suelo. Su política rosa, tachada así por el bonísimo Il Cavaliere, sus concesiones a los nacionalistas, su intento de tregua con ETA, pero sobre todo su fracaso en las respuestas que necesitaba el país a la recesión economica hicieron que se fuera por la puerta pequeña, con el odio de todos los españoles por haber dejado el país al borde del rescate europeo.

Los socialistas beben de la socialdemocracia europea y yanqui -demócrata- buenrollista, cosmpolita y relativista, de moral progresista y como mandamiento supremo el respeto a todas las opiniones -lo que quiere decir a ninguna, en realidad-. Las respuestas del gobierno de entonces a ciertos problemas fueron correctas y revolucionarias en tanto que el resto de fuerzas políticas españolas -el Partido Popular- no quería dar cuenta de esa España nueva que había llegado desde la democracia. La ley de plazos del aborto, la materia de Educación para la Ciudadanía o del matrimonio homosexual tuvieron sus pegas, pero apenas fueron minucias de conservadores escandalizados por el giro radical del destape. Éstas son algunas necesidades que supo paliar el socialismo español, pero en otras demostraron su inopia e idealismo alejado del sentido común social. 

En cuanto a educación, se aprobó el Plan Bolonia, sacramento de la globalización pedagógica anglófila consistente en imitar el modelo norteamericano tratando de hacer más -o fingir hacer más- con menos recursos, estando menos en la universidad, pero, misteriosamente, como un dogma de fe, ¡sabiendo lo mismo!

LÓGICA BOLOÑESA

5 AÑOS DE TITULACIÓN = 4 AÑOS DE GRADO

En cuanto a cultura, el progresista gobierno de Sinde del Ministerio de Cultura aprobó la Inquisición Intelectual, penando la cultura y educación libre de Internet y penalizando a aquéllos que osasen no pagar el tributo por el placer estético del cine español, cine carísimo y encima ya apoyado estatalmente.

¡Hora de feminismo! El gobierno de Zapatero fue el creador de la igualdad como ministerio político. Decir ministerio, empero, es quedarse corto: lo que hicieron fue crear los ministerios, consejerías, ayuntamientos y consejerías de la igualdad, creando la institucionalización de los estudios de género, no como filosóficos en general, morales, estéticos, históricos o legalistas, sino como estudios en sí mismo, y también la politización de esos cargos y campañas políticas que chupan del erario público sin cesar. Criticar ésto era suicidarse políticamente; por ello el PP se unió a aquéllo y decidió que defendería la igualdad de hombres y mujeres -un partido como él, conservador, filoeclesiástico, de moralidad y sexualidad rígida-. Pues bien, España ha caído en la dictadura de género, en la que las estadísicas, los títulos, los textos y los contendidos educativos deben orientarse hacia la vertiende del fenimismo, incluso en desprecio a la autoridad intelectual de lingüistas o academias como la de la lengua. Que ahora se haya extendido este fenómeno es gracias y sólo gracias a la contribución socialistas. Pero no seamos simples: no se trata de censurar toda acción en defensa de la mujer, sólo de denunciar la arrogancia posmoderna, la chulería igualitaria y el autoritarismo en aras del mayor bien. Obviamente cualquier sensato se opone a la violencia machista, pero pocos denuncian que el dinero orientado a la instrucción intelectual en todo el Estado en este ámbito podría emplearse para mejorar la Justicia en España, dotándole de recursos y de -aún más- juzgados de la violencia contra la mujer, aumentando las penas para españoles y extranjeros que agredan a mujeres y de mujeres que denuncien falsamente -que son escasas-. Tampoco menciona este feminismo de pancarta el escaso papel de la mujer en el deporte, el coste de los anticonceptivos hoy día, el recorte en becas que en general aumentan las desigualdades sociales o la retirada del cheque bebé, que incentivaba la natalidad y era excelente fiscalmente hablando -qué bien me queda decirlo-.

Hablemos del problema nacional. Respecto al nacionalismo, Zapatero sembró lo que Rajoy cosechó. La situación que Cataluña sufre  a nivel político -cosa muy importante, porque a tanto a llegado el distanciamiento de los políticos que sus problemas y los de los ciudadanos son bien diferentes- se debe, y se puede decir claramente, al peso del Tripartido en la escena catalana, que enarbolaba banderas distintas cada dos minutos y coqueteaba con los separatistas y con el gobierno central cuando el interés llamaba a la puerta. ¿Gobiernos de coalición con el PNV? ¿Competencias enviadas a Canarias para tener su apoyo en la legislatura? ¿Diferentes discursos incohesionables a nivel nacional para contentar a todos? Todo era permitido por el maquiavelo de León si se ganaban elecciones: y se ganaban. En cuanto a ETA, es muy olvidadiza la gaviota española: ¡recuerden, señortes del Gürtel, en la hemeroteca de YouTube, las intentonas de Aznar por intentar llegar al acuerdo con el ejército de liberación vasco!

Hablemos de la economía, de los planes intervencionistas en plena recesión cortados por el tirón de orejas europeo. Hablemos de las bajadas de impuestos. Hablemos del paro galopante, de la reforma laboral izquierdista criticada por los sindicatos o de los sueldos de las cajas de ahorros aupados por PP, PSOE, IU y sindicatos. Hablemos de Andalucía y el fraude de los Ere.


Pero si de algo quería hablar en esta entrada, es de las incosistencias socialista en la actualidad, con el axioma de la democracia a toda costa con primarias en diferido y casi en empate, exilios de la oposición -Chacón en EE. UU. huye o se deja ver por las cámaras-, con un anciano macaco sapientísimo de los vicios del poder y con más títulos de ex que la agenda de un protagonista de Gandía Shore. El PSOE se pasa la vida esperando; sus nuevas generaciones no conocen una sociedad que no les vote, un voto fijo, un sueldo vitalicio, y no luchan por recuperar ese espectro de votantes indecisos. No merecen llamarse políticos honrados y apasionados, enamorados de la tragedia del sucio pero efectivo poder político, pues han olvidado lo que es sufrir, llorar o sangrar por un electorado al que enamorar de cero cuando desde el principio te ha quería la zona de amistad -friendzone-. Dependerá de los socialistas invertir el encasillamiento de sus líderes y romper el anquilosamiento ideológico que tienen. Tienen una baza: el consenso generalizado en la sociedad española en que añoramos nuestro sistema de bienestar anoréxico, envenedado con el plutonio de la austeridad del PP. Pueden dudar de qué hacer, pero no por dónde empezar: tienen que reconstruir lo que paradógicamente ellos mismos echaron por tierra.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Oda a Aznar

Aznar es lo contrario al vino; cada año es peor, no sólo más maniático y dogmático, también más feo, astuto y vociferador. Acusa, no dice; miente, no habla; farda, no expone; grita, en voz baja; censura, sonriente... Es tan alta su arrogancia y su ignorancia que lo único que pienso son dos conclusiones: que Mariano Rajoy le supera -revolucionario- y que los españoles lo votan porque representa esa España carca, Opus Dei, predemocrático, de militar cómodo y seguro, traidicional y tradicionalista que sabe hacer las cosas como deben hacerse. Que se quede en su cueva con Pedro J. Ramírez viendo sombras platónicas artífices del 11-M, pero que no vuelva, por favor.


jueves, 31 de octubre de 2013

Un lugar en el mundo


Una de las mejores películas que existen. Argentina, cómo no.







viernes, 18 de octubre de 2013

El Quinto Poder



Fui a verla sin saber mucho más de la película aparte de que trataba de Julian Assange y su relación con Wikileaks y confieso que tampoco sé sobre el asunto mucho más que lo básico, pero por otra parte, quizá sea este estado -sin demasiadas expectativas, sin prejuicios- el más adecuado para ir al cine.

¿Es imparcial? ¿Es fiel a la realidad?
La pregunta es inevitable cuando sabes que su argumento gira en hechos reales, tan recientes, y sobretodo, después de ver el film: la misión personal que emprende el creador de Wikileaks es mantener informados imparcialmente a los ciudadanos, ¿será también igualmente objetiva El Quinto Poder?
No es un documental, es una película. El punto de vista es el de Berg, principal socio de Assange, y esto se hace especialmente ostentoso en el metraje final; sin embargo, no intenta ocultarse, lo que es de agradecer.

La historia a grandes rasgos, ya la conocemos la mayoría. Empieza con la relación de Julian Assange y Daniel Berg y el crecimiento de Wikileaks hasta tener presencia mundial; poco a poco se plantea la cuestión ¿se debe publicar la información íntegra a los ciudadanos a cualquier precio?
 Tiene cierto aire a thriller y a biografía, y aunque es entretenida, le sobran minutos. Su mayor defecto quizá sea que no es excelente, se queda en un relato tibio y el espectador sale con la sensación de que le falta y le sobra algo. A destacar: la interpretación de Benedict Cumberbatch como Assange y de Daniel Bruhl como Berg.


domingo, 13 de octubre de 2013

Gravity

Decente, entretenida, no abusiva, un poco corta. El director parecía temer cagarla y fue escueto en demasía en aspectos clave de los personajes. Buenos efectos especiales. Buena música. Actores más que decentes (Sandra Bullock ha cambiado tras esta película y "The Blind Side"; ahora es una buena actriz). Clooney genial, aunque muy superficial su papel. En definitiva, mi única crítica es que podría haber tenido quince minutos más y un final más desarrollado para ser perfecta.




miércoles, 18 de septiembre de 2013

Cataluña: ¡No os vayáis! ¡Os queremos!




Existen varios tipos de nacionalismo. Tenemos, por ejemplo, uno unificador y otro segregador. Al contrario de lo que se piensa, el primero tuvo grandes éxitos. No me refiero a la Unión Europea o Estados Unidos, sino al estado alemán e Italia. Estos países nacieron por la campaña de unificación fructífera que tuvieron en el XIX. Ahora, sin embargo, exceptuando casos aislados como la Europa de Durão Barrosso, todos los nacionalistas desean separarse de un conjunto: creen que viven junto a un colectivo del que pueden desprenderse y fácilmente no-indentificarse, o sea, diferenciarse claramente, oponerse, chocar, digamos. Tenemos el caso de Québec, el de Cataluña, el de Sudán y el tibetano, aunque cada uno es claramente diferente del siguiente.

El nacionalismo del Canadá francés es particularmente lingüístico; frente a unas ex-colonias británicas divididas en la tierra del castor por un lado y la patria del tío Sam por otro, tenemos una comunidad francófona supuestamente desarraigada. Económicamente son la parte del país más desarrollada y desean hacerse un hueco e independizarse. Éste es el ejemplo primero y el más importante. Entremos en Cataluña y comparemos: el resto de casos no son tan importantes (Sudán se separó por motivos religiosos y económicos, mientras el Tibet fue "conquistado" por China). Entremos en la Cataluña moderna, pero no obviemos la Cataluña antigua.

Tenemos un parlamento catalán fuertemente independentista. Ahora bien, hemos de analizarlo pormenorizamente. La fuerza anterior en el gobierno del tripartito, el PSC, no tiene una postura clara. Aunque parece que se oponen a la independencia, tienen ferviente fe en la democracia, en una suerte de religión sobre los mecanismos de la sociedad para autoenmendarse (su ingenuidad no acaba ahi: son los resposables de gran parte del nacionalismo actual en Cataluña por culpa de una política de principios volátiles atendiendo al interés puntual y cortoplacista).  Parece que para los socialistas de esta zona no les es suficiente el parlamento tal y como lo tienen como representación de la intención de voto catalana. Ojo a ésto porque es paradójico: al mismo tiempo que el parlamento así como está es una marca indudable de la voluntad política de Cataluña y podría interpretarse por dichos votos y escaños que el pueblo catalán está harto y quiere el divorcio con España; al mismo tiempo que digo esto, hay que tener en cuenta que lo que la gente de normal, el votante de a pie, vota no representa el cien por cien de los deseos políticos de sus representantes. Es decir, que los votos no son cheques en blanco para los políticos. Es decir, matizando aún más, que no todos los votantes de CiU desean separarse de la Península y flotar en el Mediterráneo. Bien, tenemos dos fuerzas políticas más: Ciutadans y el Partido Popular Català. Junto al PSC, divididen lo bastante el arco parlamentario como para poder decir que no está tan clara la posición independentista; es más, que el Parlamento catalán está bastante separado para una cuestión en la que alegan tener un consenso casi angelical o bíblico.

Ahora bien, ¿qué motivos tienen para separarse? Espanya ens roba. ¡Alegan que les robamos! Que el gobierno central les ignora. Que son víctimas de nuestro madricentrismo y cosmpolitismo castellano. Que no sabemos quiénes son los catalanes. Que no les queremos. Bueno, bueno, el argumento económico es algo. Olvidemos las banderas. Olvidémoslas cuanto antes. Afirman dos cosas: que tanto su historia como su cultura y su idioma son diferentes a los del Estado español y que nuestra administración central les está haciendo un expolio general.

Sobre la historia, la lengua y la cultura catalana no se puede tener posiciones diferentes en España. Los antinacionalistas se agolpan en la derecha cavernarias con argumentos de autoridad y ad hominem sobre la corrupción de la Generalitat. Oponiéndome frontalmente a la separación -¡unámonos en la decadencia de nuestro país y entremos juntos en la peseta!-, creo que los argumentos buenos escasean. Se aduce claramente que la ley es la ley, un Dios divino inmortal e intachable e incuestionable -excepto cuando Merkel lo desea-, cuando ésto es ridículo. Pues bien, sobre la cultura catalana diferente no se puede alegar fácilmente. Los juicios sociológicos o filológicos sólo pueden decirnos que lo propio de Cataluña es español en la medida de un marco jurídico y político existente antes de empezar a investigar; o sea, el catalán y el cine catalán es español en la medida en que se exporta, en la medida en que se filma en castellano o en catalán, en la medida en que las costumbres distan del conjunto de España -como si las costumbres de Santander y Grana fueran parecidas-. Y yo digo: ¿y qué? El único argumento eficaz para la separación de un país no es nada de eso, sino la voluntad colectiva y libre de separse (y aún así, ridícula como la riña entre un adolescente y su padre que promete dejar la casa en cuanto tenga mayoría de edad). O sea, si Sevilla desea ser un Estado independiente el único argumento válido para justicarlo es que desea serlo. Es una estupidez, pero es que esta falacia histórica y lingüística lleva a remolinos de discusiones que retrotraen la discusión a antes de la Guerra Civil, ¡y a antes de la República, a los tiempos del Reino de Aragón! Separarse es separarse. Es una justificación en sí misma. Ahora bien, en los tiempos modernos tiene poca utilidad ser menos y no ser más.


Sobre el expolio económico considero que no es verdad. La gran mayoría de las competencias del gobierno de Cataluña son suyas y sólo tuyas. Gozan de un autogobierno regalado por la Constitución y por las sucesivas delegaciones de competencias de los gobiernos (véase Aznar) de la democracia, que lo único que les separa de ser un Estado independiente es el título de Estado y el reconocimiento internacional (que no es moco de pavo). Sanidad, educación, justicia y policía son del President Mas y de nadie más. Es cierto que los impuestos los retransmite Madrid una vez recaudados, pero la diferencia entre lo obtenido y lo que la capital da a Barcelona no es ni por asomo la que tiene la Comunidad de Madrid. O sea, que esa diferencia abismal, esa dictadura fiscal, es falsa o sustancialmente ridícula. Los catalanes llevan años gobernándose a sí mismo.

Respecto a esto último: la independencia es para los catalanes lo que al resto de españoles les parece el pan y el fútbol: es opio sinuoso y nebuloso que hace que olvidemos los grandes problemas nacionales, estos son, el paro, la corrupción, la insolvencia estatal y la decandecia de la sanidad y la educación. A este respecto, esa imbecilidad de besar una Senyera al tiempo que toda tu familia está en el paro equivale a aplaudir el sueldo de Cristiano Ronaldo mientras vives con tu madre a los cuarenta años porque tu título de Ingiernería vale más bien poco. Y eso se hace en Lérida (Lleida), en Badajoz, en Valencia y en Vallecas. No nos damos cuenta de todo lo (malo) que tenemos en común.

Para acabar, la periodista del TVE Ana Bosh dijo una vez que para evitar que los canadienses de Québec dejaran el país se llegó a decir por parte de la población canadiense, no recuerdo si en carteles o en anuncios, "Os queremos", "¡No os vayáis". ¿Hará falta decirlo? En una democracia pseudofederal como la española tal vez sea necesario que los de Madrid viajen un poco a la tierra de Mas para abrazar  a sus compatriotas y beber su cultura. Suena excesivamante dulce, pero necesitan mimos. Un abrazo democrático. Y una reforma fiscal. Que los catalanes son muchas cosas, pero tontos no son, y cuando tenemos un régimen favorable en Navarra y País Vasco nos quedamos sin justificación para dotar a los catalanes de otro para ellos. ¿Acaso tenemo ojitos derechos?
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